El ser humano posee un cerebro con una enorme capacidad de adaptarse a las necesidades y condiciones del ambiente. Esta característica conocida como neuroplasticidad permite que el individuo modifique sus esquemas cerebrales, construya y reconstruya el pensamiento por medio de los estímulos del ambiente y las experiencias. Las características cerebrales, a su vez, le permiten al ser humano desarrollar habilidades, para transformar su entorno y enriquecer los vínculos con otros individuos.

 

    Existe una correlación entre la estructura cerebral y las experiencias sociales, dichos factores se necesitan y se afectan de manera significativa. No se puede concebir el cerebro humano, sin los procesos de socialización y viceversa. Estudios recientes han demostrado que el ser humano cuenta con un tipo de neuronas denominadas neuronas espejo que están relacionadas con los comportamientos empáticos, sociales e imitativos, evidenciando que existe un vínculo entre las capacidades cognitivas y la vida social.

 

    La teoría de la mente es una expresión que considera las capacidades cognitivas de las personas para comprender sus estados emocionales y el de los demás individuos. Lo que implica, que el ser humano, posee un cerebro social, con características para experimentar emociones, cogniciones, comprender a otros, comunicarse y relacionarse.

 

         La teoría de la mente contribuye en la comprensión de la complejización del cerebro y la influencia de la vida social en su desarrollo y en los procesos de aprendizaje. Además, aporta información relevante sobre las relaciones interpersonales, los estados mentales y como los individuos construyen el conocimiento. El lenguaje como construcción social cumple un papel determinante en la adquisición y reproducción de las normas sociales, y culturales. Sin un desarrollo adecuado de habilidades interpersonales y lingüísticas, se dificultan los procesos de enseñanza y aprendizaje.

 

    Las personas son seres sociales, y aprenden en interacción con otros, “el ser humano no aprende de igual forma en aislamiento que con la ayuda del grupo, lo natural es el aprendizaje socializado” (Mora, 2010: 105) es por esto, que se hace necesario potenciar la comprensión y la empatía social, para aumentar la memoria, la atención y para garantizar un aprendizaje más significativo y duradero.

 

    Los profesionales que participan en los procesos educativos deben tener presente que su labor consiste primordialmente, en intervenir escenarios conformados por seres humanos. En los intercambios que realizan, siempre median los sentimientos, los pensamientos, los valores, y la inteligencia cognitiva de los otros y la propia. Los profesionales deben comprender que al ejercer su práctica; no solo median los procesos en una dirección, al trasmitir emociones y conocimientos “sino también cómo ese cerebro está produciendo, al mismo tiempo, sus propios procesos para influir en la mente del otro (Tirapu-Ustárroz, J. et al. 2007, p.487) este proceso, es bidireccional e involucra las habilidades cognitivas de la persona que intenta influir en la vida de los otros y como resultado afecta a los demás individuos con sus acciones. 

 

 

 

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