Lectura y escritura desde un sistema integral

Publicado en la Memoria del XIV Congreso Latinoamericano para el desarrollo de la Lectura y Escritura

 

Resumen

Para aprender a leer y escribir se requiere de diversas destrezas que se correlacionan y se afectan de manera significativa. Debido a esto, los procesos pedagógicos deben partir de la integración del lenguaje, las emociones, la cognición, la percepción y motricidad de manera coherente. Promoviendo una relación armoniosa entre los recursos didácticos y las estrategias metodológicas sin perder el sentido de lo que se desea enseñar.

Los procesos de enseñanza y aprendizaje de la lectura y escritura deben considerar a cada persona como una totalidad indivisible que percibe, experimenta emociones, se comunica, construye conocimientos y actúa. Aprender a leer y escribir es un proceso complejo e interactivo, que va más allá de la codificación y la decodificación, tanto la lectura como la escritura son herramientas valiosas que permiten acceder a formas más complejas de desarrollo. Para aprovechar estos instrumentos de manera funcional y eficiente se debe partir del desarrollo de cada persona y estimular las diferentes dimensiones desde una pedagogía integral.

Palabras claves: Lectura, escritura, lenguaje, emoción, cognición, percepción y motricidad.

 

Introducción

 

La sociedad se caracteriza por experimentar constantes y acelerados cambios; generando avances tecnológicos y medios más eficaces que facilitan el acceso a la información y el desarrollo investigativo. Sin embargo, a pesar de los hallazgos en materia pedagógica, estos han sido considerados superficialmente, o se han ignorado en la práctica educativa.

 

En América Latina la educación formal se ha caracterizado por mantener y reproducir un modelo tradicional que conserva características de la época colonial. Este modelo rígido le asigna el rol protagónico al docente; y al estudiante le otorga el papel de receptor de datos, que los almacena, para evocarlos cuando se le solicita; convirtiéndose en un autómata que recibe pasivamente la información que el sistema ha designado como fundamental para su vida. En este escenario las calificaciones y lo académico tienen un lugar privilegiado, donde los estudiantes deben memorizar los mismos contenidos, de la misma manera, masificando los procesos de aprendizaje e irrespetando el desarrollo humano y la individualidad. Este modelo esta fragmentado en niveles o etapas, de forma tal que no favorece la transición de un nivel a otro, exponiendo a los estudiantes a cambios abruptos. El aprendizaje también se fragmenta en materias o asignaturas ya que se visualiza a los estudiantes como máquinas que pueden ser reducidos a sus componentes; esto hace que la información se presente como datos aislados, impidiendo que se integren de manera natural para generar conocimientos significativos.

 

En el caso del aprendizaje de la lectura y escritura el interés se ha centrado en codificar y decodificar. El aprendizaje se ha reducido a la transcripción y transformación de sonidos a letras y de letras a sonidos, perdiendo su funcionalidad y relevancia comunicativa para la expresión y la comprensión. Los estudiantes aprenden aspectos mecánicos sobre la lectura y la escritura, pero, no logran convertirse en verdaderos escritores y lectores.

 

Con respecto a la enseñanza se han promovido la estimulación de destrezas motrices y perceptuales como requisitos para acceder a la lectura y la escritura. No obstante, al enseñar a leer y escribir se deja de lado el desarrollo integral de los estudiantes y las estrategias se dirigen a que permanezcan quietos, presten atención, sigan instrucciones y repitan información. Las habilidades emocionales, motoras, perceptuales y lingüísticas pierden relevancia y se desarrollan como actividades separadas que no guardan relación con la lectura y escritura.

 

Es necesario que los hallazgos de las investigaciones trasciendan el campo teórico y se consideren en la intervención y transformación de las prácticas educativas. La educación debe redirigirse hacia la creación, y la producción de conocimientos y no limitarse a la repetición de datos que no son significativos ni relevantes en la cotidianidad de los estudiantes. Debe procurar la comprensión de la complejidad del ser humano desde su base biológica, social, cultural, y emocional para alcanzar su desarrollo integral.

 

Percepción

 

Cada individuo nace con una estructura genética y epigenética. Estas características biológicas le permiten percibir e interactuar con el ambiente, para darle sentido y construir pensamiento. Los sistemas perceptuales son determinantes en los procesos de aprendizaje; ya que la percepción “es el proceso de organización e interpretación de los datos sensoriales (sensaciones) para desarrollar la conciencia del entorno y de uno mismo” (Bravo, 2004, p. 2) siendo la percepción un sistema de destrezas que permite el intercambio dinámico de estímulos internos y externos para captar la realidad y construir respuestas que favorezcan el desarrollo y la adaptación.

Por medio de las destrezas perceptuales se da el primer contacto con el mundo, construyendo representaciones del ambiente en el que se encuentra, mediante la selección, integración e interpretación de la información. En la interacción con el medio, el individuo crea experiencias que pasan de ser estímulos sensoriales a procesos de mayor elaboración que necesitan atención, discriminación, organización, memoria y selección para otorgarle significado a estas vivencias y así formar conocimientos que serán empleados en la cotidianidad, para desenvolverse de manera funcional y apropiada.

 

Motricidad

 

La capacidad de percepción y de integrar los estímulos le permiten al ser humano desarrollar habilidades motoras; a su vez, la motricidad favorece la estimulación de la percepción visual, auditiva, táctil y propioceptiva. Los sistemas perceptuales y la motricidad mantienen una estrecha vinculación por lo que el desarrollo de uno incide en el desarrollo del otro.

 

Ante la presencia de dificultades en la organización perceptiva, se reflejarán dificultades en el desarrollo de habilidades motrices. Estas dificultades son más evidentes en la etapa escolar en la adquisición de los aprendizajes básicos, como por ejemplo en el modo de sentarse, coger el lápiz y mover la mano, que posteriormente, podrían derivar en trastornos más graves de lectoescritura (Muñoz, 2012, p.8) para evitar y/o reducir este tipo de dificultades se hace necesario la estimulación de las destrezas motoras. Un correcto desarrollo motor permite que las personas cuenten con las bases requeridas para aprender, puesto que desarrollan habilidades como la conciencia corporal, lateralidad, orientación espacial, equilibrio, coordinación motora, coordinación óculo manual y tono muscular. Estas destrezas son esenciales en el aprendizaje de la lectura y escritura.

 

Por otra parte el desarrollo de destrezas motrices cumple un papel determinante en el aprendizaje porque estimula actividades cognitivas “Algunas áreas cerebrales implicadas en la comprensión, el análisis, la memoria y la atención entre otras se encuentran ligadas también a procesos motrices, de coordinación y conciencia corporal” (Bueno, 2016, p.17) así el desarrollo motor es más que un prerrequisito para leer y escribir, debe acompañar los procesos de aprendizaje para garantizar que su eficacia.

 

Lenguaje

 

El desarrollo de la capacidad motriz se convierte en el vehículo para conocer y apropiarse de los códigos y símbolos que forman parte del lenguaje. El lenguaje se incorpora desde la infancia, donde aparecen las primeras representaciones simbólicas, permitiéndole captar la realidad, entrar en contacto con la cultura y con la sociedad. Con forme se desarrolla el lenguaje, el individuo cuenta con mayor facilidad para relacionarse en su entorno sociocultural, y la creciente exposición al medio enriquece el desarrollo de competencias lingüísticas como el habla, la escucha, la lectura y la escritura. El lenguaje en su complejidad, está representado por un conjunto de símbolos y códigos, que varían de acuerdo al lugar y el tiempo donde se desarrollan y tiene la particularidad de que no tiene comparación con las representaciones de otras especies.

 

Su función simbólica, lo mantiene estrechamente vinculado con las habilidades cognitivas, y se perfecciona junto con el desarrollo del individuo. El desarrollo del lenguaje favorece la creación e intercambio de experiencias, permitiendo contextualizar los aprendizajes para que estos se conviertan en aprendizajes significativos, aplicables a la cotidianidad para mejorar las condiciones de vida.

 

El lenguaje permite expresar, conocer, organizar y construir el conocimiento, pues si bien es cierto que “lenguaje y cognición son procesos relacionados, el desarrollo en el manejo de conceptos está ligado a la verbalización de los mismos, y al lograr este último, el individuo manifiesta mayor capacidad para manejar los estímulos y resolver problemas” (Campo, 2010, p.67) de esta forma las condiciones sociales en que crece un individuo determinan de alguna manera el tipo de lenguaje que adquiere y su desarrollo cognitivo.

 

Los escenarios socioculturales que potencian el lenguaje favorecen el desarrollo de las estructuras neuronales. Esto incidirá positivamente en los procesos de aprendizaje para leer y escribir ya que “la lectura y la escritura son procesos lingüísticos, significa que los componentes del lenguaje oral están implícitos en esos procesos. Ambos sistemas, oral y escrito, poseen diferencias, pero están íntimamente relacionados, y existen influencias bilaterales entre ellos” (Guarneros y Vega, 2014, p.24) para aprender a leer y escribir se requiere de un nivel suficiente de desarrollo lingüístico. Por lo que se debe considerar el vocabulario, las experiencias y lo que ya saben los estudiantes, para emplear la simulación de situaciones cotidianas y el uso de casos de la vida real que favorezcan la contextualización de los aprendizajes y el enriquecimiento del lenguaje.

 

Para conocer los procesos de aprendizaje se requieren de intercambios comunicativos eficientes “Teniendo en cuenta que los procesos de pensamiento metacognitivo son normalmente internos y difíciles de observar es necesario que los contextos de aprendizaje faciliten su verbalización para hacerlos visibles y poder compartirlos y aprender de los demás” (Flores y Duran, 2012, p.7) en el diálogo constante se abre la posibilidad de conocer como cada persona construye y reconstruye sus esquemas mentales y en estos intercambios se desarrollan habilidades cognitivas que contribuyen en la creación del conocimiento.

 

El desarrollo de las competencias lingüísticas mantiene una interdependencia con el desarrollo de las condiciones cognitivas. El lenguaje es un mecanismo para acceder al conocimiento, y permite la elaboración del pensamiento, es decir que su estimulación incidirá en los procesos de aprendizaje. Por otra parte, las condiciones cognitivas determinan el desarrollo del lenguaje, lo que evidencia la importancia de considerarlas en propuestas de intervención educativa como parte de la pedagogía para un desarrollo integral.

 

Cognición

 

Para la elaboración y modificación de los esquemas mentales el ser humano requiere de una serie de condiciones cognitivas, “son esenciales para el aprendizaje, de manera general y concretamente en la adquisición de la lectura y escritura, las relacionadas con el procesamiento de la información visual, procesamiento de la información auditiva y las de integración motora de la información” (Núñez, 2012, p.9) en el procesamiento de la información visual se seleccionan los símbolos que deben ser reconocidos e interpretados de acuerdo a experiencias previas, para otorgarles un significado. De la misma forma en el procesamiento de la información auditiva se debe realizar una discriminación de los sonidos, para reconocerlos e interpretarlos en contraste con los conocimientos existentes y así comprender el mensaje dado. La integración motora por su parte emplea la información visual y auditiva para efectuar acciones como la orientación espacial al leer y escribir y la articulación en la lectura oral.

 

Los procesos de lectura y escritura, son complejos y requieren el dominio de las relaciones entre los sonidos individuales del lenguaje, conocidos como fonemas y las letras que representan estos sonidos, denominados grafemas. Para el reconocimiento y producción de fonemas y grafemas se debe desarrollar la conciencia fonológica que es una habilidad que permite tomar conciencia de los componentes fonológicos del lenguaje, para integrar secuencias y formar palabras a nivel oral y escrito. La conciencia fonológica implica, además, la disposición para la recepción de estímulos, la capacidad de percibir, segmentar y manipular los sonidos que constituyen el lenguaje.

 

En los procesos de aprendizaje de la lectura y la escritura se demanda más que la destreza para reconocer sonidos y letras. Se debe contar con habilidades cognitivas como la atención, la memoria y el razonamiento “Cada uno de los diferentes procesos de aprendizaje se ve favorecido por el funcionamiento adecuado de las funciones cognitivas tales como la memoria, el razonamiento, la interpretación, sus interconexiones y las interacciones de las funciones específicas” (Bueno, 2016, p.12) estas habilidades permiten atender a la información manteniendo la concentración en una situación específica por un tiempo determinado. Posibilitan remodelar las estructuras sinápticas para retener información a corto o largo plazo para hacer uso eficiente de esta, cuando es requerido. Para atribuir significado a lo que se lee y lo que se escribe, se debe contar con habilidades para realizar abstracciones, interpretar y analizar la información, elaborar predicciones basadas en conocimientos existentes, formular y corroborar hipótesis, deducir y extraer nueva información para integrarla y modificar los esquemas mentales y así dar significado y producir conocimiento.

 

Aunque la lectura y la escritura son procesos que comparten habilidades cognitivas que las mantienen íntimamente ligadas, se debe tener presente que cada una requiere de componentes específicos. La codificación es la habilidad cognitiva empleada al escribir permitiendo usar los símbolos, signos y grafemas para expresar o representar ideas y sentimientos. La decodificación por su parte es la operación mental que posibilita el dar significado a los signos, traducir e interpretar los mensajes escritos.

 

La lectura es el resultado de la integración de varias funciones cognitivas como la atención, memoria, razonamiento, conciencia fonológica y coordinación visomotora. Estas funciones le permiten atender, percibir y discriminar visualmente las unidades de información, almacenarlas en la memoria, procesar la información de forma eficiente, reactivando los conocimientos previos para darle sentido y significado. La lectura va más allá de la visualización, desciframiento de grafemas y su transformación en fonemas. La lectura es el instrumento de comunicación que permite el autodescubrimiento, y el descubrimiento del mundo.

 

La escritura al igual que la lectura integra un conjunto de habilidades como la atención, memoria, conciencia fonológica y la coordinación oculomotora para generar y organizar ideas, procesar la información pensada, reactivar los conocimientos existentes y asegurar la coherencia, claridad y la lógica al transmitir la idea precisa que se tiene en mente, realizando con destreza movimientos voluntarios, y coordinados para plasmarlos por escrito. La escritura debe romper con la visión simplista de medio de transcripción y asociación gráfica para constituirse en el medio para comunicar con coherencia el mundo interior, las ideas, los sentimientos y los pensamientos.

 

Emociones

 

Para entender y estimular las habilidades cognitivas, se deben potenciar las destrezas emocionales. Cuando los estímulos tienen valor emocional para el individuo, aumenta la motivación, la atención y se le facilita la creación de redes neuronales para recordar y aprender nueva información “La motivación está íntimamente relacionada con la emoción. Motivación provienen de la raíz latina movere (mover); igual que emoción (de ex-movere, mover hacia fuera). La puerta de la motivación hay que buscarla a través de la emoción” (Bisquerra, 2003, p.30) las estrategias metodológicas que consideran los intereses de los estudiantes incrementan el deseo de estos por aprender, mejorando sus periodos de atención, su participación y la posibilidad de relacionar y emplear los aprendizajes en su cotidianidad. Las emociones son esenciales en el desarrollo, sin emoción, no hay motivación ni aprendizaje, siendo importante que la persona descubra sus propios intereses y que estos sean tomados en cuenta en la intervención pedagógica.

 

Las estructuras cerebrales y las experiencias emocionales cumplen un papel determinante en los procesos de aprendizaje. Erróneamente se ha establecido una brecha entre cognición y emoción, olvidando que son factores que se necesitan y se afectan de manera significativa. Las personas aprenden en interacción con otros, “el ser humano no aprende de igual forma en aislamiento que con la ayuda del grupo, lo natural es el aprendizaje socializado” (Mora, 2010, p.105) siendo necesario la incorporación de la educación emocional en la intervención pedagógica.

 

Las emociones son fundamentales en la vida de las personas y en los procesos de aprendizaje, puesto que “la cognición y la emoción se afectan recíprocamente, por lo que la persona que se educa debe ser considerada como una mezcla de razón y emoción, de manera tal que separar estos dos componentes sería atentar contra el carácter humano del ser humano.” (García, 2012, p.100) al eliminar el distanciamiento impuesto entre cognición y emoción, y al considerar su interdependencia en las prácticas educativas se podrá realizar una intervención pedagógica que posibilite la construcción de aprendizajes significativos y duraderos.

 

Las prácticas educativas se han caracterizado por privilegiar la adquisición de contenidos académicos para alcanzar el desarrollo cognitivo. Esta práctica reduccionista debe modificarse ya que “el ser humano es una unidad psicosomática, en que todo está interconectado, en su base bioquímica, fisiológica, cerebral y, lo que es más importante aún, mental, verbal y afectiva” (López, 2009, p.10) las emociones al igual que la percepción, la motricidad, el lenguaje y la cognición participan activamente en el procesamiento de la información, en la transformación de esquemas mentales y en la construcción del conocimiento.

 

Conclusiones:

 

En la actual era de la información los estudiantes están en constante bombardeo de datos, por lo que el papel protagónico del docente como ente transmisor de información ha perdido relevancia. Lo que conlleva a realizar una reflexión crítica sobre el rol de la educación, para Bisquerra (2003) “La finalidad de la educación es el pleno desarrollo de la personalidad integral del individuo. En este desarrollo pueden distinguirse como mínimo dos grandes aspectos: el desarrollo cognitivo y el desarrollo emocional” (p.26) demandando un cambio en la intervención del docente para constituirse en un mediador de procesos de aprendizaje que logren la integración de los diferentes componentes que intervienen en el desarrollo de los estudiantes.

 

El rol de los docentes debe redirigirse hacia la mediación, para la efectividad y el logro de las competencias deseadas para el desarrollo integral de los estudiantes, ofreciendo diferentes formas de aprendizaje que permitan determinar el nivel madurativo de los estudiantes para descubrir los intereses, las actitudes y capacidades de estos, observando y estimulando la influencia de los factores cognitivos, emocionales, lingüísticos, perceptivos y motores.

 

El desarrollo de propuestas de intervención pedagógica que tomen en cuenta los diferentes componentes que intervienen en el aprendizaje inciden en procesos armoniosos y significativos. Para una pedagogía integral se deben considerar las características de los estudiantes y su entorno, lo que saben, lo que hacen, y como lo hacen. Para esto se debe entender como perciben, como se comunican, que sienten, como actúan y como piensan.

 

Investigaciones recientes evidencian la interrelación entre la percepción, motricidad, lenguaje, emoción y cognición, demostrando su importancia en el aprendizaje y en los procesos de la lectura y la escritura. Son componentes que no funcionan de manera aislada, estos se desarrollan, se integran y se afectan de manera significativa. Por tal motivo deben formar parte de toda intervención pedagógica de manera conjunta y continua y dejar de ser una serie de actividades que carecen de significado y de relación con el desarrollo de los estudiantes y su realidad. 

 

Aprender a leer y escribir es un proceso que no se termina, ya que por medio de las experiencias se perfecciona y se enriquece continuamente. El aprendizaje de la lectura y escritura es un proceso integral, por lo que se debe promover un ambiente de aprendizaje articulado y bien estructurado, que considere todos los componentes que constituyen el desarrollo y que permitan un aprendizaje significativo. Eso es la pedagogía integral un todo indisoluble donde se desarrollan las diferentes dimensiones de las personas para su educación y bienestar.

 

 

 

 

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